Hace un par de meses que el vicepresidente de Corfo, Hernán Cheyre, se reunió con los decanos de las distintas escuelas de Ingeniería del país, con el objetivo de ver qué necesitan los futuros profesionales chilenos y qué necesitará nuestra nación de ellos.
Una idea sencilla, dirían algunos, pero que no se había llevado a cabo sino hasta este 2013 y que se llamó Ingeniería 2030.
Todo indica que las facultades universitarias necesitan refrescarse, por lo que requieren cambios en las mallas curriculares y en la formación de estos nuevos jóvenes, distintos a los que vienen egresando en la actualidad.
Pero, ¿en qué cambiará la formación? Es la pregunta que todos se hacen y la respuesta va en directa relación a lo que las compañías necesitan hoy y lo que necesitarán el día de mañana.
Las empresas proyectan profesionales con capacidades a nivel general. Transversales. Ya no se requiere el perfil de antaño que –por muy capaz que fuese– no tenga óptimas relaciones interpersonales ni habilidades blandas poco desarrolladas para llevar a cabo su liderazgo.
Se exigirá un ingeniero integral, que sepa expresarse, escribir bien, que sea culto y se adelante a las circunstancias que el país enfrente. Mañana, además de esas cualidades, se requerirá alguien que tenga un buen dominio de inglés y de herramientas tecnológicas, que maneje temas de sostenibilidad dada la explotación de recursos naturales en nuestro país y la respectiva automatización en los procesos en todo orden.
Ya algunas universidades lo han vivido en carne propia y están cambiando desde ya sus planes, como la Facultad de Economía y Administración de la Universidad de Chile. Sin embargo, aunque la ley obligue a que un ingeniero comercial tenga cinco años de estudio, es necesario que se acorten ciertos programas para destinar otros a la especialización. Asimismo, el mercado obliga a que los profesionales tengan mayor bagaje en el cuerpo, que tengan más experiencia prácticas y lo que conlleva –in situ– trabajar en terreno.
En la vereda del reclutamiento, por lo menos el 35% de los profesionales entrevistados para cargos específicos de ingeniería presentan debilidades en habilidades blandas. La tendencia de aquí al 2030, entonces, se orienta en encontrar y contratar profesionales con buen nivel de comunicación a todo nivel jerárquico y que además tengan habilidades emprendedoras.
Si no trabajamos desde ya todos los actores involucrados en esta área, difícil es que podamos avanzar de cara a un país que cada día toma caminos para dar el último salto que tanto nos ha costado… tanto en lo educacional, como en lo laboral.
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